Sergio Bustamante Godoy, Gerente de Personas y Cultura de énfasis People & Brands, comparte una reflexión sobre un cambio silencioso pero profundo en el mundo del trabajo: la quiet ambition. Una forma de crecer con propósito, coherencia y bienestar, que desafía los modelos tradicionales de éxito.
Hace tiempo vengo observando un cambio silencioso. No aparece en los titulares, no se premia en rankings ni se mide en KPIs tradicionales. Pero está. Y está transformando la manera en que entendemos el crecimiento profesional.
Trabajo con personas. Acompaño a quienes lideran, a quienes se desarrollan, a quienes recién comienzan. Y hay una constante que se repite, especialmente entre las generaciones más jóvenes: la quiet ambition.
Una ambición silenciosa, que no busca protagonismo pero sí propósito. Que no corre carreras ajenas, sino que traza su propio camino. Que elige la coherencia por sobre el aplauso. Que no quiere llegar “alto”, sino “bien”.
Durante años, el éxito estuvo asociado a lo visible: ascensos, cargos, logros públicos, agendas llenas. Hoy, en muchos espacios, ese modelo ya no representa el deseo de todos. Para algunos, ser exitosos implica otra cosa: — poder tener tiempo para lo importante — impactar positivamente en otros — desarrollarse sin perder el equilibrio — elegir el cómo, no solo el qué.
No es que no haya ambición. La hay. Pero ya no es ruidosa, ni urgente, ni basada en la comparación. Es una ambición con raíz y con valores. Que elige cuidarse, cuidar a otros y construir desde ahí. Y que necesita entornos laborales que no la confundan con falta de compromiso.
Hace unos meses, en una charla con un grupo de jóvenes talentos, una de ellas me dijo: “Yo quiero crecer, claro que sí, pero no quiero dejar mi salud mental en el camino. Si no puedo sostenerlo con bienestar, no me sirve”. Esa frase se me quedó grabada. No porque fuera disruptiva, sino porque era genuina. Y representa lo que hoy sienten muchas personas, aunque no siempre se animan a decir.
Como profesionales de gestión humana, tenemos el desafío —y la oportunidad— de abrirle espacio a este nuevo paradigma. De no exigir gritos donde hay profundidad. De no buscar más performance, si eso implica menos humanidad. De repensar qué es crecer. Y de acompañar a cada persona en su forma de hacerlo, sin imponer un único modelo.
Según el estudio “Workforce Hopes and Fears 2023” de PwC, más del 65% de los jóvenes profesionales priorizan entornos que promuevan el equilibrio y el propósito por encima del salario o la posibilidad de ascenso inmediato. La ambición sigue ahí. Pero se expresa de otro modo.
La quiet ambition no se anuncia. Pero se nota. En el modo de preguntar, de trabajar, de vincularse. Es una fuerza que no necesita brillar para transformar. Y en muchos equipos, ya es el motor de cambio más potente que tenemos.
Personalmente, siento que acompañar este tipo de ambición es también una manera de cambiar el mundo del trabajo. No desde los grandes discursos, sino desde las decisiones cotidianas que permiten que cada persona encuentre su forma de ser, hacer y crecer. Y si esa forma es en voz baja, también merece ser escuchada.

Sergio Bustamante Godoy
Gerente de Personas y Cultura


